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Arthur Ashe, el tenista afroamericano que rompió las barreras en el tenis

“¿Por qué Dios tiene que elegirte para esa enfermedad?”. Y Ashe respondió: “En el mundo 50.000.000 de chicos comienzan a jugar al tenis, 5.000.000 aprenden a jugarlo, 500.000 aprenden tenis profesional, 50.000 entran al circuito, 5.000 llegan a jugar un Grand Slam, 50 llegan a Wimbledon, cuatro a las semifinales, dos a la final. Cuando estaba levantando la copa nunca le pregunté a Dios ‘¿Por qué a mí?’ Y hoy, con mi enfermedad, no debería preguntarle: ‘¿Por qué a mí?’.

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Joselyn Pacheco Álvarez para Digitus CR

En los suburbios de la ciudad de Richmond, Virginia, en los Estados Unidos, nació una de las  estrellas más importantes del deporte blanco. Criado por su padre y su hermano tras la muerte de su madre, su carrera deportiva inició a los 5 años en una cancha de tenis cerca de su casa, pero el camino no iba a ser nada fácil para el niño afroamericano que soñaba con llegar muy lejos. Su legado fue tan grande que el estadio principal del Abierto de los Estados Unidos lleva su nombre: Arthur Robert Ashe.

Nació el 10 de julio de 1943. Desde que comenzó su carrera deportiva, Ashe tuvo varias piedras en su camino, en especial  mejorar su estilo de juego, ya que no era el más destacado. También luchar contra el racismo apenas siendo un niño. Su fortaleza mental y su carácter iban a ser más fuertes que cualquier obstáculo.

El primero de estos lo enfrentó a los  12 años, cuando se le negó el permiso de participar en el torneo de Richmond, la ciudad que lo vio nacer, solo por su color de piel. Durante esa época el racismo estaba en su máximo esplendor; los afroamericanos tenían sus propios baños y en las escuelas los niños estaban segregados en un solo patio.

Una de las tantas situaciones difíciles que tuvo que enfrentar Ashe fue la de tener que dormir en un carro, ya que por ser afroamericano no podía quedarse en un hotel, algo muy vergonzoso no solamente para él, sino para los otros tenistas que estaban participando en el mismo torneo. Hasta 1950 a los tenistas afroamericanos en los Estados Unidos, incluyendo hombres y mujeres, se les prohibía  participar en los campeonatos nacionales.

Su mentor fue el doctor Johnson, un afroamericano que lo entrenó en Lynchburg. Gracias a él, Arthur mejoró su estilo de juego, pero además de eso le inculcó el espíritu deportivo y el respeto hacia los rivales. Gracias al avance que tuvo con Johnson, jugó la Copa Davis representando a su país y se convirtió en el primer jugador afroamericano en formar parte del equipo, lo que le permitió ganar una beca para la Universidad de California, en Los Ángeles. Se graduó en 1966 como licenciado en administración de empresas.

Hasta ese momento la carrera de Ashe era aficionada y el tenis le ofrecía un refugio. Había ganado dos torneos como universitario pero en 1968, a pesar de no ser profesional, nuevamente hizo historia: ganó el Abierto de los Estados Unidos y también quedó campeón con su equipo en la Copa Davis.

Un año después tomó la decisión de convertirse en jugador profesional  y su lucha por la inclusión de los afroamericanos en el deporte blanco seguía en pie, por lo cual buscó la forma de hacerlo popular entre los niños para que en el futuro tuvieran la oportunidad de conseguir becas en las mejores universidades del país.

Su segundo título de Grand Slam lo ganó en el Abierto de Australia, en 1969, después de convertirse en profesional. En su búsqueda de luchar siempre por sus derechos y el de los demás, ayudó a crear la ATP (asociación de tenistas profesionales ) junto con un grupo de jugadores. Su liderazgo era notorio para los que estaban a su alrededor y esto lo convirtió en presidente de la asociación.

Contra el legendario Connors

Ashe tuvo una gran rivalidad con otra leyenda del tenis, Jimmy Connors, quien le ganó en varias finales. Sin embargo, el momento de la revancha llegó para Arthur, en la final de Wimbledon de 1975, en donde se impuso ante Connors, el número uno del mundo en ese momento. El afroamericano volvió a romper las barreras consagrándose campeón en la catedral del tenis.

A sus 33 años se casó con Jeanne Moutousammy, una artista gráfica de 25 años con quien tuvo una hija. Lamentablemente a sus 36 años Ashe sufrió un infarto, lo que lo apartó por completo de las canchas de tenis. En 1981-1982 ganó la Copa Davis desde afuera de la cancha, como capitán del equipo de los Estados Unidos.

Arthur era una persona tímida pero alegre; a pesar de que como tenista ganaba mucho dinero no era fanático de los lujos. Le gustaba escribir y tuvo la oportunidad de hacerlo para el New York Times, en donde enfatizó la importancia de estudiar en conjunto con una carrera deportiva.

Sin embargo la lucha de Ashe no iba a ser solo en favor del racismo, sino también del VIH tras enterarse que era portador del virus después de haber recibido una transfusión de sangre en una operación debido a sus problemas cardiacos. En 1992 fue presionado por la prensa para que confesara su secreto. Con un semblante molesto y triste, lo hizo público en una conferencia de prensa en donde ni siquiera pudo terminar su discurso.

En medio del escándalo un fan le escribió  “¿Por qué Dios tiene que elegirte para esa enfermedad?”. Y Ashe respondió: “En el mundo 50.000.000 de chicos comienzan a jugar al tenis, 5.000.000 aprenden a jugarlo, 500.000 aprenden tenis profesional, 50.000 entran al circuito, 5.000 llegan a jugar un Grand Slam, 50 llegan a Wimbledon, cuatro a las semifinales, dos a la final. Cuando estaba levantando la copa nunca le pregunté a Dios ‘¿Por qué a mí?’ Y hoy, con mi enfermedad, no debería preguntarle: ‘¿Por qué a mí?’. 

Tras confesar que portaba unas de las enfermedades más estigmatizadas de la época, se dedicó a realizar campañas de sensibilización en donde también recaudó dinero para investigaciones sobre el virus. A los 49 años murió de neumonía y por complicaciones de la enfermedad. Ashe dejó un gran vacío en el mundo del tenis, pero también se convirtió en un ejemplo para jugadores históricos como Serena Williams, que admite que hubo un antes y un después para los afroamericanos, gracias al legado que dejó en el deporte blanco el eterno campeón Arthur Ashe.      

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