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Investigación Académica

Historia de la TV: Aguijoneado por la competencia, canal 7 abrió su transmisión dominical

La programación establece un vínculo entre las televisoras y su audiencia. ¿Cómo fueron los inicios de la televisión criolla?

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Por Pablo Merino, profesor de la Licenciatura en Realización y Producción Audiovisual

Para moldear cualquier actividad humana, y lograr un método eficaz, una técnica, siempre se empieza por algo. Ha sucedido así desde la primera herramienta.

En el cine, una cámara inmóvil, blanco y negro el celuloide, mudo, hasta que alguien movió la cámara y aparecieron los seguimientos, el travelling, acercamientos, ángulos de toma, la grúa, el lente zoom, el acoplamiento del sonido, montaje y el color en pantalla.

Curiosidad, tecnología y el ir más allá fueron lúdicos acicates. Lo digital es ya cuestión del Mago de Oz.

A los fundadores del relato cinematográfico les llevó rato esmerilar la joya, el producto final: títulos, tiempo, estructura, caracterizar personajes, continuidad. En los primeros relatos abundaba lo que fue luego merienda de la elipsis.

Nada estaba escrito. Griffith sobre abundaba, ni se diga de von Stroheim con su McTeague (Avaricia), que en su primera versión duraba nueve horas. Irving Talberg hizo recortar la película a dos horas y 15 minutos; vaya pues, sí, me siento. Pero fue la película que inauguró la primera secuencia precréditos. Así fue conformándose el lenguaje.

Televisión a gatas

¿Qué podemos decir de los primeros pasos de nuestra televisión y su programación, punta de lanza y precursora de rating, aunque no siempre sea sinónimo de calidad? Como ventana de gangas, la programación de una televisora es su oferta al telespectador, vinculación esencial, la construcción de su parrilla de espacios para cumplir o crear expectativas y generar audiencia.

Detrás de ese orden cronológico de programas, se afana el arte del programador, que mezcla ciencia e intuición para dar la mejor oferta de emparrillado según los “géneros”, el público disponible en cada horario, los niveles de audiencia y el conocimiento que se tenga de las programaciones de la competencia.

Un trabajo invisible, del que depende en gran medida el éxito de una cadena de televisión. Hoy, con las nuevas tecnologías del streaming y plataformas como Netflix, Spotify y otras, te podés construir tu propia programación.

Después del vía crucis para otorgar la primera frecuencia televisiva a Carlos Manuel Reyes para operar el canal 8, por razones técnicas y económicas fue necesario hacer una variante en la licencia: el equipo transmisor adquirido mediante la A.B.C. se adaptaba mejor al canal 7.

Hubo que tocar las puertas del presidente Echandi para solicitar el cambio, que se concretó el 18 de setiembre de 1959. La concesión de canal 7 se hizo ya a Televisora de Costa Rica, de acuerdo con lo pactado entre los socios (C. M. Reyes, Leonel Pinto, René Picado, American Broadcasting Co), y no a nombre de Carlos M. Reyes.

¡Ah sí!, la programación. El 10 de agosto de 1961, dos años después de los trabajos forzados para que se asignara una frecuencia a Carlos Manuel Reyes, se asigna al Ing. Arnoldo Vargas la licencia para instalar y operar el canal 9 de televisión.

Los ciclópeos esfuerzos por abrir un canal pugnaron porque no se abriera el segundo (aunque usted no lo crea, de Ripley).  Televisora de Costa Rica canal 7 presentó un recurso de revocatoria contra dicho acuerdo. Después de páginas enteras publicadas en la prensa, la épica retórica de la libertad de expresión, y algunos otros ingredientes del espectro periodístico y legal, el recurso fue rechazado por el Ministerio de Gobernación, quien declaró agotada la vía administrativa y quedó en firme la licencia otorgada al Ing. Vargas. La soledad del 7 en el dial televisivo fue pasajera.

Domingos en disputa

En su primera etapa, canal 7 no transmitía los domingos. Canal 9 empezó  su programación los domingos con gran audiencia, del medio día a las 9 de la noche y no transmitía entre semana. Programas como “Aventureros del Mississipi”, “Perry Mason”, “Guillermo Tell”, “Mi Marciano Favorito” y otros.

Aguijoneado por los demonios de la competencia, rápidamente canal 7 abrió su transmisión dominical.

El 9 comenzó entonces a transmitir entre semana documentales de la Embajada de los Estados Unidos y programación de ese tipo (gratuita), para lograr un costo reducido de operación y transmitir también toda la semana. Emitía de 5 de la tarde a 10 de la noche. No era una parrilla de programación definida, estable, como las conocemos hoy, porque las posibilidades de comercialización eran  escasas.

El sétimo día, que para nosotros es domingo, día de descanso, expansión, según el Génesis, día de culto y fútbol, entró en la vorágine televisiva. Hasta llegar a 24/7, que lo digan las jornadas sin fin de los trabajadores del medio.

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