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Investigación Académica

Historia de la TV: Un cubano les robó ‘el mandado’ a los satélites

Desde un avión Douglas C-46, un cubano fiebre del beisbol utilizó antenas para transmitir, en 1954, un partido de la Serie Mundial que fue visto en la isla

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Por Pablo Merino, profesor de la Licenciatura en Producción y Realización Audiovisual

Después de las débiles antenitas colocadas en los techos de nuestras viviendas, que un viento repentino y furioso movía y podía dejarnos sin señal, con el cucarachero habitual de blancos y negros, el auge de la televisión subió a los cielos, dando más ventaja a la pantalla chica.

La URSS (Unión Soviética) lanzó el primer satélite, Sputnik 1 (1957) (el V es una vacuna), que daba la vuelta a la Tierra cada 90 minutos.

De diseño rústico y primitivo, señaló el principio de la era de los satélites, hito en la carrera del hombre hacia el dominio del cosmos y revolucionó la tecnología para beneficio de todos, a pesar de las guerras galácticas.

En 1961 se realizó la primera transmisión televisiva en directo desde Moscú a Europa con motivo del regreso del primer vuelo orbital de la historia, tripulado por Yuri Gagarin.

En 1962, el primer satélite de comunicaciones norteamericano, Telestar, abrió las posibilidades de intercambio de transmisiones televisivas en directo a través del Atlántico, y multiplicó audiencias por encima de continentes y fronteras.

Pero la habladuría sobre quién inaugura, en realidad, la era de las transmisiones vía satélite sigue en la palestra.

¿Quién fue el primero?

La revista de espectáculos más famosa del mundo, Variety, achaca ese honor a Goar Mestre, el cubano que revolucionó la televisión en Cuba (CMQ. TV), antes de la Revolución, y también en Argentina, Perú, Venezuela, etc.

Cuentan que tratando de ganar audiencia y el primer lugar (es conocida la fiebre de los cubanos por el beisbol), Mestre,–que pasaba por su televisora la serie mundial de beisbol con solo dos horas de retraso, mientras un avión con los rollos de 16 mm, revelados de inmediato en un canal de Miami, llegaba a la Habana–; con su ingeniero jefe Raúl López G. echa a volar una locura.

Con el préstamo de un avión de Cubana de Aviación, Douglas C-46, permiso para abrir techo y piso y colocar las antenas receptora y transmisora, y con la compra de un transmisor de la RCA que recién tocaba las puertas del mercado, el Douglas C-46 alza vuelo el 29 de setiembre de 1954 hacia el Golfo de México con la misión de mantenerse en el aire, a gran altura, describiendo círculos, mientras uno de los juegos de la Serie Mundial se realiza.

El alboroto se arma cuando el técnico Ricardo Castillo, en la repetidora de CMQ, en Matanzas, confirma que recibe, con gran nitidez, la señal del canal 4 WTVJ de Miami, enviada desde el avión.

De Matanzas la señal es distribuida, vía microondas, a Pinar del Río, Santa Clara y La Habana”. ¡Que cosa má’ grande es la vida, Chico! (Pablo Sirven. Goar Mestre, El rey de la televisión)

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