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Aula 24-7

Pandemia ocasionó que el hogar de los docentes dejara de ser un sitio de descanso

En el 2020, miles de educadores se vieron en la necesidad de modificar sus hogares para dar clases y con eso sus horarios se extendieron hasta la noche.

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Por Layrrette Carmiol Zavala para Digitus CR

El sector educativo fue uno de los que tuvo que reaccionar de una manera rápida y drástica ante la pandemia ocasionada por el virus del Covid-19 durante el 2020. Sus hogares dejaron de ser un sitio de descanso para convertirse en una extensión de los centros educativos. 

Se experimentó, con la modalidad virtual, algo desconocido para la mayoría de estudiantes y profesores, y, aún así, fue la vía rápida para continuar con el curso lectivo.

Sin embargo, una buena parte de los estudiantes enfrentaron limitaciones (económicas, tecnológicas y de conexión). El gremio docente también experimentó cambios, limitaciones y hasta problemas de salud. 

Las largas capacitaciones en las nuevas herramientas, la falta de materiales didácticos, las extensas jornadas de trabajo, la búsqueda de un nuevo lugar de trabajo y la falta de compromiso de los padres, en algunos casos, dificultó la labor docente y también desembocó en problemas de salud. 

Capacitaciones poco provechosas

Los profesores tuvieron que ser capacitados para el uso de las nuevas herramientas que el Ministerio de Educación Pública (MEP) destinó para continuar con las clases a distancia. Además de una nueva forma de calificación. 

En el sector de primaria, por ejemplo, esas capacitaciones se tradujeron en un proceso muy largo, cansado y bajo presión. 

Según comenta “María», una maestra que pidió ser identificada solo por su nombre, las capacitaciones estuvieron mal manejadas y la plataforma utilizada se caía.

Trabajo nocturno

Además, tenían una duración de hasta 15 horas, por lo que terminaba de trabajar a altas horas de la noche. O bien, iniciaba en las noches para aprovechar que la plataforma se caía menos, lo cual le consumía mucho tiempo y la obligaba estar conectada durante la madrugada. 

Aun así, la información no quedaba del todo clara. Más para los profesores que no tienen tanto dominio de la tecnología y que, con temor, han aprendido a utilizar las herramientas. 

Asimismo, para los docentes de secundaria, la situación fue similar.

“Mayela”, otra educadora que expresó reservas sobre su identidad, informó que las capacitaciones se programaron para tres semanas en las cuales se les saturó de información. No se podían detener para tomar apuntes en las charlas.

Por eso tenían que invertir más tiempo para poder revisarlas cuando ya estaban disponibles en la plataforma. 

“El problema fue que la persona que impartía la capacitación creía que ya sabíamos todo”, comentó.

Los profesores, de acuerdo con ella, calificaron las herramientas para realizar las evaluaciones de los estudiantes como obsoletas. No se pueden modificar totalmente y quedaba información importante sin ingresar.

Esto causó que, al momento de compilar las calificaciones de todas las materias, se presentaran errores de notas incorrectas o estados de aprobado y reprobado que no eran veraces. 

Jornadas interminables

“La jornada en la escuela es de casi 5 horas. Si yo entro a las 7:00 am todos los días, hubiera podido salir a las 2:30 pm, incluyendo la disponibilidad para atender a padres o para planear”, comentó «Mayela».

Ella reconoce que la jornada laboral se extendió hasta altas horas de la noche. Debía buscar material nuevo y atender a padres de familia, los que muchas veces enviaban mensajes a las 11:00 p. m., cuando ya estaba dormida.

Relató que debían presentar material que se les solicitaba fuera de horas laborales y estar pendientes del celular, del correo, de los mensajes de WhatsApp. De de alguna forma se convirtieron en los canales de comunicación oficial entre docentes y padres.

Para las evaluaciones de los estudiantes, se crearon los Guías Autónomas de Trabajo (GTA), las cuales tomaban mucho tiempo.

La docente comentó que su elaboración podía tardar casi dos días, dependiendo de la necesidad de cada niño. 

“Las horas de trabajo se ampliaron terriblemente. Aunque siempre los docentes hemos venido a trabajar a las casas, ahora era más”, agregó la maestra. 

En cuanto al material para la clase, los maestros, en este caso de primaria, han tenido que buscar la manera en que los niños no pierdan la atención en la clase. La mejor manera fue con el uso de videos cortos, la utilización de títeres y algún objeto con colores.

Uno de los inconvenientes en cuanto al material virtual era el servicio de Internet de los estudiantes. Al ser prepago, en algunas ocasiones no se podían usar herramientas como la pizarra de Microsof Teams para hacer la clase más interactiva.

«Mayela» se las ingenió e improvisó una pizarra virtual con las hojas de Word.

«María», por su parte, concuerda que las jornadas eran muy cansadas y agotadoras. Además de que era más cansado mentalmente estar frente a una pantalla, sentada sin poder caminar por el aula, como lo hacía anteriormente. 

“Se debe estar al tanto del teléfono, estar pendiente de los mensajes de los estudiantes o de los padres de familia, incluso hasta las 9:00 p.m. o un sábado o domingo”, mencionó.

Confirmó que las GTA no estaban hechas de la manera correcta, por lo que con base al planeamiento se iban adaptando para poder enviar el trabajo a los estudiantes. Esto conllevaba un seguimiento y estar al tanto de las consultas de los alumnos.

Estas guías se empezaron a realizar por semana; luego se solicitó el material por mes, pero, aun así, se debía de enviar semanalmente a los estudiantes de escenarios 1 y 2, y mensualmente a los escenarios 3 y 4. El trabajo se aumentó.

La profesora comenta que su jornada se extiende al hacer la entrega de las GTA. Para el curso lectivo 2020, la asignaron al Colegio Técnico Profesionalde Pejibaye en Pérez Zeledón, pero ella vive en Cartago.

Por lo tanto, debía viajar aproximadamente una hora y cuarenta minutos, inicialmente una vez al mes. Sin embargo, esos viajes aumentaron a cada 15 días.

Otro de los limitantes con lo que se enfrentaba era que sus alumnos dependían de los celulares de los padres de familia. Para enviar el material y evacuar dudas, debían esperar a que los padres llegaran a casa después de la jornada laboral.

Un nuevo lugar de trabajo

Al pasar a vivir en un mundo virtual, los espacios de trabajo de los educadores también se tuvieron que modificar.

La casa ya no era solo para descansar luego de una larga jornada; ahora también era el lugar de trabajo, donde impartían las clases.

Los profesores tuvieron que acondicionar un espacio de su sala o comedor para colocar la computadora y poder convertirla en una nueva aula.

«Mayela» dijo que buscó un espacio donde no hubiera ruido para evitar distracciones, una habitación donde solo tenía el material y el equipo de trabajo.

«María» explicó que tuvo que lidiar con vendedores ambulantes que gritaban a media clase, vecinos que escuchaban música a un volumen muy alto o niños que lloraban.

Sin embargo, el curso lectivo 2020 no solo requería del compromiso de niños y adolescentes; también involucraba a los padres de familia, más que todo a los de primer ciclo, ya que algunos niños aun no terminan de aprender a leer y escribir, por lo que requieren de un mayor apoyo.

“En segundo grado, el proceso de lecto-escritura no ha finalizado, por lo que necesitan un apoyo del 110% de los papás”, menciona «Mayela».

Según su testimonio, los padres de familia no se comprometieron con la educación de los niños; no se conectaban a Teams, y no mantenían contacto real con los maestros.

Algunos de los padres subían estados en su WhatsApp, cambiaban las fotos del perfil, por lo que sí tenían conexión. Pero al pedirles que se conectaran para que sus hijos recibirán la lección, mencionaban que no tenían espacio en el celular o bien que no tenían Internet.

“Este año fue de batallar con los padres”, lamentó.

Por su parte, el problema que encontró «María» fue que los adolescentes, al estar en la casa, sin una lección presencial, eran enviados al campo a trabajar. Pejibaye es un área rural donde las familias se dedican a sembrar y cosechar café, frijoles o maíz.

“Ha sido una lucha con los padres porque mandan a los chiquillos a trabajar y ayudar en la casa. No creen en las clases virtuales”, mencionó.

Todo lo anterior provocó problemas de salud entre el cuerpo docente: «Mayela» dijo que sufró dolores de cabeza y de espalda, así como gastritis, entre otros problemas físicos, ya que el estrés de las extensas jornadas laborales hizo que el cuerpo resintiera esa carga.

Por su parte «María» dijo que la asignación al CTP de Pejibaye implicaba dejar su casa sola, lo que le generó problemas de apego, y por eso tuvo que optar por tratamiento psicológico, ya que al viajar experimentaba crisis de ansiedad, falta de aire, y hasta ganas de llorar.

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