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Otto Vargas: “El periodismo es un apostolado. Si te vas a meter, te metés a muerte»

Durante 17 años, este comunicador alajueliteño ejerció el periodismo desde una de las trincheras más complicadas: los sucesos

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Por Carol Valverde para Digitus CR

Otto Vargas Masís me resulta uno de esos periodistas que demuestran que lo inalcanzable existe si así lo creemos en nuestra mente. Cuando le pedí una entrevista, allá por 2019, acordamos que sería en su lugar de trabajo en aquel entonces: Casa Presidencial, en Zapote.

Llegó el día; me reporté en el puesto número cinco, en la recepción de visitantes, e ingresé. Me dirigía al edificio del Ministerio de Presidencia. Cuando llegué a la entrada principal, un oficial de seguridad que aguardaba la puerta me dijo: “¡Adelante!”.

Crucé el umbral y pude ver una rampa; una inclinación con alfombra roja enorme que llamaba la atención desde afuera del inmueble.

Debajo de ella había un sendero con agua clara, tan clara como la convicción que tuvo Otto de estudiar periodismo y convertirse en un destacado reportero de sucesos que, al igual que la pendiente del interior de Casa Presidencia, no pasaría desapercibido.

Las agujas del reloj marcaban las 8:55 de la mañana. Con exacta puntualidad, Otto cruzó el marco de la puerta que estaba a mi derecha. “Buenos días”, dice.

Yo estaba nerviosa. Tenía frente a mí a un periodista de alto calibre, pero el hielo se
rompió cuando comenzó a contarme las mil y una aventuras de su infancia, adrenalina que no dejó de lado en su etapa adulta, pues ha logrado saciar ese espíritu aventurero a través de lo que tanto ama: el buen periodismo.

De esa forma, escuchándolo, me adentré en la vida del polifacético, exigente y apasionado Otto.

Trayectoria


«El 6 de abril de 1986, su familia y usted fueron los últimos en ver con vida a las siete
mujeres de la masacre en el cerro de San Miguel, en la Cruz de Alajuelita. ¿Ese hecho despertó en Otto el deseo de ser periodista?», le pregunté.

“No”, dice, “pero sí es un hecho que marcó mi carrera y que, de alguna manera, parte de mi adolescencia estuvo muy vinculada con algunos acontecimientos que marcaron el caso. Fue un hecho doloroso para el país, pero para nosotros, los alajueliteños, fue el doble de doloroso.

«Haber ido a la cruz el día de la masacre, haber visto a las víctimas y caminar por los sitos en los que actuó al asesino cuando formaba parte del movimiento guías y scouts… esas vivencias de alguna manera despertaron en mí una profunda curiosidad por el caso».

Rumbo a Cinchona tras el terremoto/Foto: Carlos Rodríguez

Hace más de dos décadas, una encrucijada envolvía la mente de Otto: decidirse entre ser arqueólogo –aunque con poca habilidad motora fina– o seguir la herencia de su papá: la música.

Su gusto por el rock no es en vano, pues describe a la perfección su espíritu: lleva un ritmo bastante enérgico. Estuvo inmerso en algunas bandas costarricenses allá por los años 90, pero su deseo de continuar estudiando lo llevó a dar un giro, desviando su atención hacia el periodismo.

“Era algo que permitía mantener mi espíritu aventurero”, dice, «y fue la mejor decisión de mi vida”, agrega, tan convencido como que se apellida Vargas Masís. Y no faltó la sonrisa que lo caracteriza, como la de un niño al que le regalan su juguete favorito. ¿Por qué escogió ser periodista?

“Por masoquista”, suspira, “por eso fue la mejor decisión de mi vida. El periodismo es una profesión hermosa y sacrificada. Conocí gente linda, lugares que no imaginé. Incluso con la temática que yo cubría –sucesos–, que está vinculada con hechos dolorosos, traté de buscarle a eso la esencia de lo mejor del ser humano».

«La gente piensa que en ese tipo de historias lo que está presente es el morbo y no necesariamente es así».

Caso Parmenio Medina

Creo que el periodismo es sacrificado, y que incluso la buena práctica periodística en el peor de los escenarios expone al profesional a situaciones de peligro, como le pasó al finado periodista radiofónico Parmenio Medina… y al mismo Otto.

Medina recibió amenazas de muerte por empuñar como arma la investigación y enfrentar aguerridamente la corrupción. En 2001 fue asesinado.

Otto, para ese entonces periodista “sucesero”, se adentró en la investigación de las denuncias expuestas en el programa de radio “La Patada” y comenzó a dar seguimiento a las amenazas que recibió el exánime colega.

“Yo se lo prometí a Parmenio”, dice, con un tono acompañado de endurecida tristeza y de profunda seguridad. “Cuando llegué a cubrir la noticia, me paré a la par de la puerta del carro de Parmenio. La ventana estaba ensangrentada y justo ahí de pie, le hice la promesa”, recuerda.

“Un crimen como el de Parmenio no podía quedar impune”, sostiene .

«Usted recibió una llamada telefónica en la que le pedían la lista de los presidiarios que habían conversado con Parmenio, pero la negó; les dijo que no tenía esa lista. Eso bastó para que su emisor lo dejará perplejo cuando le decía que entonces lo iban a matar», le digo.

“Sí, eso pasó. No es nada bonito. Me enviaron a la casa porque el OIJ desconocía la proveniencia de la amenaza. Al tercer día de esa llamada no aguanté más el encierro y me fui a dar clases”, recuerda Otto moviendo su cabeza para afirmar.

“Eso me parece riesgoso”, le señalo.

Luego de una indagación minuciosa e incansable del caso de Parmenio, el comunicador se convirtió en el coautor de la novela “La Hora del Compadre” y años más tarde publicó el libro: El Psicópata, los expedientes desclasificados«.

Este último revela los hechos sangrientos que ejecutó el único asesino en serie que ha existido en la historia de Costa Rica; el hombre que sembró temor a todo un país durante una década entre los años 1986-1996.


Este periodista y su familia participaron en aquella peregrinación a la cruz de Alajuelita; ellos fueron los últimos en ver con vida a las siete mujeres que se convertirían en las víctimas del Psicópata.

Ambos libros están relacionados con crímenes, lo que me hace pensar que Otto siente una leve atracción por las situaciones de riesgo y peligrosas.

Profesión valor

“Los “suceseros” somos adictos a la adrenalina. Cuando yo veo mi vida periodística en retrospectiva, muchas veces digo: “pucha”, “¡qué tonto las cosas que hice; qué arriesgado!» , expresa emocionado con brillo en los ojos.

“Si yo me pongo a enumerar las veces que estuvo mi vida en peligro… Una vez le pagué a unos baquianos para sortear el anillo de seguridad de la Fuerza Pública y llegar hasta una zona de desastre, en Alto Loaiza, Orosi, para documentar la tragedia.

«Ahí estaban las casas aplastadas por un descomunal deslizamiento; había gente fallecida. Mientras estábamos en el sitio, pasó un helicóptero de la Cruz Roja y desde lo alto nos decían: ¡tienen que salir, tienen que salir o los mandamos a sacar!, pero ya habíamos hecho las fotos.

«Esa emoción es la que nos lleva muchas veces a exponernos a ese tipo de situaciones».

Las situaciones de riesgo y las aventuras están en el ADN de Vargas. Él está de acuerdo en que muchas veces los periodistas se exponen, pero cree que esto es un apostolado.

Teme que las nuevas generaciones de periodistas normalicen la violencia. «Algunos ven normal que a un tipo le metan siete balazos. Para mí eso nunca puede ser normal. El sicariato en un país nunca va ser normal».

Rasgo profesional


Además de apasionado, una de las características de Otto es que es muy exigente.

Como exalumna puedo dar fe de que en el curso de Introducción a la Información que imparte se aprende, y creo que es algo en lo que todos los estudiantes coincidimos… o al menos la mayoría.

Cuando algún alumno dice que va para el curso de Introducción a la Información, otros que ya lo han llevado recomiendan «que se le rece al mejor santo».

De hecho se dice que es el curso para descubrir si realmente tenemos la casta para ser
periodistas. “Siempre lo dicen”, agrega el comunicador mientras señala que siempre ha buscado sacar lo mejor de cada uno de sus estudiantes, como una vez hicieron con él.

«Pero, usted también es muy exigente», le digo .

Creo que esa exigencia que emana, que está en su ADN, es la que lo trajo a Casa Presidencial para asumir el puesto de asesor de comunicación del Ministro de Presidencia, Rodolfo Piza (el funcionario dejó su cargo en agosto de 2019).

» Yo soy muy apasionado con lo que hago; entonces, al ser tan apasionado, tiendo a exigirme mucho. Trato de hacer las cosas lo mejor posible.

«Si yo estoy en algún lugar, que se sienta que valió la pena el boleto; que se sienta que sos una persona valiosa que puede aportar. Ese es el secreto: mucho amor y mucha pasión».

Un libro revelador

En el libro «El Psicópata y los expedientes desclasificados», Otto dice que tuvo pesadillas; que soñaba con imágenes de los crímenes. Supongo que debe ser difícil, sobre todo porque fueron más de 20 años de investigación.

¿Y, usted, Otto, qué ganó con esa publicación?, le consulto.

“Yo gané mucho y no me refiero solo a la parte profesional. Gané mucho porque fue darle voz a 19 inocentes que nunca se van a cansar de pedir justicia y a quienes un país entero está olvidando.

«Si usted habla con gente muy joven, cree que el Psicópata era una leyenda urbana o incluso, como me dijo alguien, puros inventos de la prensa. Pero como yo le dije a esa persona, ¿cómo un periodista inventa que mataron a 19 personas?

«Eso me asustó mucho. Me dije: ¿cómo puede ser posible que el país olvide que tiene una deuda con 19 inocentes y sus familias. Entonces, el trabajo fue como un llamado de atención para decir: ¡esto pasó, esto no puede volver a pasar! Estas personas no pueden ser olvidadas».

Es tan común en Otto el no olvidar, el no callar la verdad o buscar lo más cercano a ella.

Así lo dijo con el caso de Parmenio Medina: “Este crimen no puede quedar impune” y realizó una investigación tan profunda que se plasmó en un libro.

Cumplió la promesa de aquel 7 de julio del 2001, el día del homicidio. Su voz, a través de las crónicas, de algún modo le recuerda a Costa Rica, a estudiantes y profesionales en comunicación, que existe el buen periodismo.

Entonces, evidentemente para este apasionado y exigente periodista: “te metés a muerte o mejor no te metés”.

Otto Vargas M es, en la actualidad, el decano de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidad Federada San Judas Tadeo.

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