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Zona Crónica

Crónica: Servir entre llamas

La vida de un bombero es un carrusel que discurre entre emergencias y tragedias. ¿Cómo lo sobrellevan?

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Sofía Bonilla para Digitus CR

Es casi medio día y sigo esperando su llegada. Finalmente llega a mi a casa en un scooter rojo bastante llamativo. Lo invito a pasar y sin más se sienta en la sala de estar.

Me comenta que nunca lo habían entrevistado; intenta mantenerse calmado, pero puedo sentir su nerviosismo cada vez que se ríe.

Justo cuando parece sentirse cómodo y relajado, noto como su cuerpo se tensa mientras me relata una de las tantas historias en las que arriesgó su vida y pudo tener consecuencias mortales.

­ — Siendo novato, hubo un gran incendio en un taller de ebanistería en Alajuela. Un compañero y yo notamos que había una puerta abierta. Sin pensarlo dos veces, entré desplegando mi manguera. A los minutos se me empezó a derretir el casco, la careta y el equipo de protección personal.

— Siendo aún nuevo en la profesión, ¿no le dio miedo continuar trabajando?, le pregunto.

— El miedo nunca se le va a quitar a uno y es mentira que uno no sienta cierto temor. La idea es que uno utilice ese temor y lo transforme en una oportunidad para combatir la emergencia.

Bombero curtido

Por 18 años y bajo el número 337, Roberto Barrantes Bonilla ha trabajado al servicio de los costarricenses como bombero de la Unidad de Emergencias Médicas y Rescates.  Actualmente labora en la estación de Pavas, pero su trabajo lo ha hecho laborar en distintas estaciones a lo largo del país.

En Costa Rica, la provincia de San José es la que más incendios registra, y específicamente las estaciones de Desamparados y la de Pavas son las que más avisos de emergencia atienden.

En 2018, solo la estación de Pavas atendió 3.348 emergencias. Ese mismo año se registró la cifra más alta de los últimos 12 años de personas fallecidas a causa del fuego.

Roberto me explica la carga física que conlleva ser bombero. “Nosotros no hacemos ejercicios para vernos esbeltos ni tonificados”, me comenta entre risas.

Y es que la jornada laboral se considera 24×24, en donde se trabajan 24 horas seguidas y se descansan las siguientes 24, por lo que es importante entrenar al cuerpo a recuperarse rápido para sobrellevar el turno.

No obstante, la carga psicológica no queda de lado y me explica que el programa de capacitación procura preparar a cada persona para cualquier situación. Seguidamente comienza a relatarme otra historia de hace varios años, cuando recibieron un aviso de un incendio en una casa en Puntarenas.

Un doloroso recuerdo

En el momento en el que ingresaron él y sus compañeros a la vivienda, observaron una gran presencia de humo, un fuerte olor a gasolina y un montón de ropa apilada en una esquina.

— Analizando la emergencia y haciendo la revisión, nos comunicaron que en el domicilio vivía una familia y que no localizaban a los hijos en ninguna parte. Al aproximarnos al montón de ropa, encontramos a los niños muertos. La madre había envenado a su esposo y a sus hijos. En un intento de deshacerse de las evidencias, le prendió fuego a la ropa y a los cuerpos.

Mientras que relata la emergencia, puedo notar cómo sus ojos cada vez se vuelven más vidriosos. Realiza varias pausas y no me mira directamente y, aunque no lo dice, sé que en su mente está viviendo esa emergencia una y otra vez.

— Este tipo de emergencias son de esas que por más preparación que uno tenga, jamás se va a esperar un desenlace así. Uno espera poder solucionar el problema y sin que nadie sufra ningún tipo de daño. Encontrarte una situación así solo te hace sentir impotente.

El Benemérito Cuerpo de Bomberos de Costa Rica mantiene una política de “puerta abierta”, en donde en cualquier momento alguno de sus empleados se sienta mal mentalmente pueda ir a solicitar ayuda psicológica sin ningún problema y sin importar si el tema fue una situación reciente o una de hace años o si afecto a más de un empleado.

Pixabay

“Siempre ha habido esa anuencia en que si usted en algún momento se siente mal, busque la ayuda necesaria”, me dice serio.

Momentos antes me mencionó que el equipo de protección personal tiene un peso aproximado de 30 kilos seco, pero mojado el peso llegaría a duplicarse. ¿Qué pasa con toda la carga mental que tienen que afrontar día con día?

En la estación cada bombero tiene máximo un minuto y medio para alistarse ante la emergencia. Un minuto y medio para cargar con el equipo que le va a salvar la vida. Un minuto y medio para olvidar las tragedias del pasado y enfocarse en el ahora. Un minuto y medio…

Profesión valor

Me relata un accidente de tránsito que tuvo que atender en Guanacaste, cuando fue bombero voluntario. Un camión pasó por encima de un carro donde había una pareja y un bebé. La madre y el niño no sobrevivieron, pero el señor aún se encontraba con vida y estaba solicitando ayuda

— El hecho de tener que quitar el cuerpo del bebé y de la señora para abrir espacio para auxiliar al señor son cuestiones que marcan-

Roberto tiene un hijo de 14 años, pero no puedo evitar preguntarme si cada niño que salva o pierde ve la cara de su hijo; si cada mujer ve a su esposa; si cada adulto mayor ve a su padre o madre.

Lo noto cada vez más serio y distante. Puedo notar que su cuerpo está aquí pero su mente anda ya muy lejos. Sin embargo, como si leyera mi mente o predijera mi siguiente pregunta, me miró a los ojos y me confesó:

— Si podemos decir que nos volvemos un poco fríos, tal vez no hablemos tanto, tal vez nuestras formas sean un poco diferentes, pero en mi caso yo estoy agradecido de tener una familia que me apoya.

Víctimas del estrés

Un estudio de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos del 2018 detalla que a nivel mundial el 10% de bomberos y trabajadores de rescate sufren de estrés postraumático, pero muchos profesionales rechazan el tratamiento y las terapias.

En la página oficial de Bomberos de Costa Rica se encuentran todos los protocolos de emergencia, los talleres que brindan a la población, las estadísticas de años pasados, pero en ningún lado se muestran los protocolos hacia la salud mental.

Roberto y yo conversamos por unas horas más, pero cada historia y cada relato despierta en mi más incertidumbre sobre lo que pueden llegar a tratar cada bombero en su día a día. ¿En algún punto se vuelve normal?

Con cada relato comprendo más la vocación y el sacrificio que conlleva ser bombero, pero ¿cuál es el verdadero costo de serlo?

Sin tener que preguntárselo, me dice: “yo creo que los que sufren más son ellos (las familias). Con saber que ellos están bien, yo estoy bien”.

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