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A Título Personal

La homofobia, el racismo y el deporte

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Por Francisco Oreamuno, invitado de Digitus CR

Esta Eurocopa, la primera jugada en 11 ciudades europeas, ha puesto al descubierto una realidad: no es posible pretender que los problemas societales y el deporte no van juntos.

No estoy hablando de política; no queridos amigos. Estoy hablando de homofobia, de racismo, de integrísimo y de rechazo; sin embargo, también voy a hablar de política.

Enorme error hizo el Presidente de la UEFA, Alexander Ceferin, al impedir a la ciudad de Munich iluminar el Estadio Olímpico con los colores del arcoíris. Obvio y es aquí donde la política es indisociable del deporte.

El señor Ceferin llegó a la cabeza de la UEFA gracias a los votos de las naciones del este europeo (para los que dicen que la política y el deporte no andan juntos).

Como resultado de esa prohibición, el Movimiento LGBTQI tuvo la mayor promoción imaginable a nivel de toda la prensa. Estoy segurísimo de que sus miembros jamás imaginaron el soporte incondicional de la población europea.

Llamar la atención

Ante la negativa de la UEFA, el Gobierno del Estado Bávaro repartió 100 mil banderitas arcoíris a los fanáticos. Manuel Neuer, portero y capitán de la selección alemana, lució un brazalete de capitán con los colores del arcoíris.

Similares acciones tomaron los jugadores Antoine Giezman, de Francia, y Georginio Wijnaldum, de Los Países Bajos.

La UEFA nos dio una lección de “La política del Avestruz” y los europeos le dieron una lección de apertura de tolerancia y de conciencia.

Los dirigentes europeos Emmanuel Macron, Louis Mitchell, Mark Rutte, y Angela Merkel le hicieron entender al Primer Ministro húngaro, Viktor Orbanh, que la Unión Europea no tiene espacio para países con políticas racistas, homofóbicas –que no deroga la ley contra la difusión del homosexualismo– y que la Unión Europea tomará acciones contra Budapest.

Más claro no canta un gallo, sin embargo, alguien fue un poco más lejos: el Primer Ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel.

Bettel expresó “ser acusado, considerado como anormal, como un peligro para los jóvenes».

» Es no darse cuenta de que ser homosexual no es una escogencia”.

Sin embargo, continuó el Primer Ministro Bettel, “ser intolerante, si es una escogencia y yo seré intolerante ante la intolerancia de su política, señor Ministro Orban».

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