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Leonardo Roque: el educador a quien una “equivocación” conectó con el mundo audiovisual

En su vida diaria, este destacado profesor vive una bipolaridad profesional: su corazón está dividido entre la educación y la producción audiovisual

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David Marín para Digitus CR

Conversar con Leonardo Roque es una clase magistral asegurada. Al iniciar la entrevista salió a relucir una de las mayores pasiones de Leonardo: la educación.

Y es que era muy fácil que así fuera, ya que este destacado académico de la Universidad Federada San Judas Tadeo ha dedicado toda su vida profesional a transmitir conocimiento y empoderar a los profesionales de la comunicación.

Al avanzar, la conversación el celular notificó una llamada. Se disculpó conmigo y me explicó que debía atender. Era un estudiante que necesitaba ayuda.

Al terminar de solucionar la situación me dijo: “Este es el trabajo del profesor; hay que estar pendientes de los estudiantes y apoyarlos en cosas simples porque quizás de ese estudiante, dentro de 3 o 4 años yo pueda llegar a decir: valió la pena,el poder acompañarlo y guiarlo en su caminar profesional”.

En esta entrevista, Roque, director académico de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidad San Judas Tadeo, detalla su trayectoria por el cine, los documentales y la educación.

Un profe inspirador

¿Cómo se presentaría Leonardo Roque ante alguien que no lo conoce?

Mira, durante muchos años ya dando clases en la Universidad, me presentaba como productor audiovisual, cineasta y, sobre todo, como editor de cine. Creo que en los últimos 10 años me he comenzado a presentar como educador.

Hace al menos doce años asumí un cambio muy radical de dejar por un lado la producción como mi primera preocupación profesional y convertir a la academia mi prioridad. Para eso estudié educación y además tuve que tomar una decisión: ir a grabar o dar la clase.

¿Cómo se puede rescatar la figura del docente y la importancia de la educación?

Hay problemas en la educación. Se sabe que debe haber una transformación. Eso solo se logra a través del plan de estudios. Eso debe generar un compromiso por parte del profesor, teniendo la capacidad de experimentar una transformación y, a su vez, también debe haber un cambio por parte del estudiante.

Usted asume ese cambio de identificarse más como profesor y no tanto como editor de video o productor audiovisual. Antes de esa decisión, ¿cómo fue su camino para encontrar su vocación en la comunicación audiovisual?

En Cuba yo me encontré con la comunicación muy asociada a la cuestión artística. Yo a los 19 años entré a un cuarto de edición, vi como estaban montando una película y no salí de ese cuarto hasta 15 años después. Llegué ahí por equivocación y descubrí lo que quería ser.

A esa temprana edad comencé y vi que el cine era una manera de comunicar. Yo soy una persona muy tímida; no me gusta figurar. El cine tenía muchas profesiones: estaba la cámara, sonido y otras. Pero en la edición descubrí algo mágico: poder tomar algo que alguien hizo y hacer lo que te da la gana con eso a partir de un guión. En esos cuartos siempre está la magia.

¿Fue en Cuba en donde dio sus primeros pasos en la enseñanza?

Sí, para ese entonces en Cuba abrieron una nueva carrera llamada Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual. En ese momento yo estaba casi seguro de que no iba a poder ingresar, ya que la mayoría de mis otros compañeros que hacían las pruebas tenían carreras afines a esta nueva propuesta académica, mientras que yo era graduado en matemática. Sin embargo, logré entrar en la primera generación.

Después del cuarto año, tuve un profesor de edición que no me gustó. Creo que él no había entendido cómo abordar ese tema. Así que hablé con el director de la escuela y le dije que quería ser profesor de edición. Le expliqué que era muy tímido y no sabía cómo lo iba a hacer, pero quería enseñar edición y montaje. A partir de ese momento me involucré en la enseñanza desde las aulas y los cuartos de edición.

Amor entre cuatro paredes

¿Qué es lo que más lo apasiona de su vocación?

Lo que me gusta es editar. Amo estar encerrado. Cuando estoy estresado en la oficina, subo un rato a la sala de edición de la U, me pongo a editar con el equipo y eso me relaja.

Cuando uno estudia una carrera de arte, uno comienza a confundir qué es trabajo y qué cosa es placer.

Estando en Cuba, ¿cuál fue el mayor aprendizaje que tuvo como profesional y educador a temprana edad?

Aprendí que todo debe ser un trabajo en equipo. Eso lo descubrí de la mano de los directores, camarógrafos, editores y todas las personas involucradas. Cada proyecto que uno hace en cine es un aprendizaje y debe ser una construcción colectiva.

Usted trabajó en diversas instituciones como Estudios Granma y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), ¿Cuáles eran sus funciones dentro de esos puestos de trabajo?

En Cuba hay una manera de enfrentar el estudio de la producción audiovisual. Uno tiene que entrar primero a noticieros para aprender a ser rápido. Luego se pasa al reportaje, posterior a eso al documental. Por último se llegan a las series de televisión y a la película. Lo que más disfruté fue hacer documentales porque es un acercamiento a la realidad con una perspectiva comunicativa emergente.

También trabajé en el noticiero del ICAIC de la mano de un periodista audiovisual llamado Santiago Alba. Él me pedía trabajar los siete días de la semana, las veinticuatro horas. Todo trabajo ha sido una experiencia y todo me ha enriquecido.

Su llegada a tiquicia

¿Cómo fue su llegada a Costa Rica?

Llegué en noviembre de 1994. Mi llegada fue muy violenta porque mi preparación era en cine. Empecé a trabajar en un canal de televisión, en el noticiero. A los 15 días el dueño del canal me dijo que no me veía con buena cara.

Yo le dije que yo no era periodista, sino productor audiovisual y quería hacer otras cosas. Entonces llegamos al acuerdo de que yo iba a capacitar al personal y hacer un reportaje a la semana.

Gracias a eso pude conocer todo Costa Rica en cinco meses. Con respecto a la capacitación, logré convertir a los camarógrafos y editores en profesionales. Para mí fue una experiencia muy linda porque yo llegué a Costa Rica a trabajar como invitado de la Universidad Nacional y por la Universidad de Costa Rica.

Yo venía a dar clases a una universidad y el poder haber tenido la oportunidad de capacitar a los muchachos del canal en profesionales fue tan gratificante. Todavía algunos de ellos trabajan en Canal 7 o Repretel.

Luego me involucré con una agencia de producción audiovisual donde se hacía publicidad y documentales institucionales. Me hicieron una oferta laboral y me quedé en Costa Rica; me enamoré muy fácil de este país.

Estando en Costa Rica, ¿cómo se involucró con la Universidad Federada San Judas Tadeo?

Ignacio Santos era el profesor del curso de Periodismo Televisivo y Teoría de la Comunicación. Él trabajaba en Canal 4 y yo también. En una ocasión, él tenía que viajar y me pidió que lo cubriera esos días. Así fue cómo me quedé aquí en la Universidad.

¿Qué ha aprendido dentro de las aulas de la Universidad Federada San Judas Tadeo?

Mi mayor lección aquí es que hay que aprender del estudiante, hay que conocer al periodista que está en el aula. Lo más importante es trabajar sobre las individualidades. No hay un estudiante igual al otro.

Otra cosa que he aprendido con estos años es a no generar expectativas con los estudiantes. Yo quiero que los estudiantes me asombren. A mí y a todos los docentes de la Universidad nos gusta cuando los estudiantes nos superan. Cada vez que veo algo así, me quito el sombrero.

¿Y con la virtualidad?

Eso ha sido una clase magistral. En el último año hemos tenido que aprender a hacer todo de forma diferente. Lo importante de la virtualidad no es lo que yo pueda decir, sino lo que el estudiante me pueda preguntar.

En eso se basa la educación del siglo XXI. Hay que construir y seguir magnificando el conocimiento de esa manera. Así lo debemos hacer para que lo que vemos en las aulas sea relevante con respecto a lo que está pasando afuera.

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