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Crítica de cine: F. W. Murnau, En las profundidades del amor

Amanecer no solo nos deleita con la belleza de su fotografía y nos entretiene con su historia, sino que también nos revela verdades trascendentes e imperecederas.

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Por Julián Pelaez para Digitus CR

Como una gran obra artística, ya sea literaria, plástica, musical o cinematográfica, Amanecer no solo nos deleita con la belleza de su fotografía y nos entretiene con su historia, sino que también nos revela verdades trascendentes e imperecederas.

Al igual que grandes historias —desde La Odisea, de Homero, hasta El Viejo y el Mar, de Hemingway— esta película nos muestra a un héroe (y una heroína) quienes parten en una aventura, enfrentan y vencen las dificultades y obstáculos y regresan victoriosos a su hogar.

Amanecer presenta una doble historia. La del granjero: un hombre atrapado por la lujuria, quien llega a estar muy cerca de cometer un crimen, pero en el último momento se arrepiente y redescubre el amor por su esposa.

Y la de la mujer del granjero: una muchacha sencilla y bondadosa quien, a través de su pureza y buen corazón, logra romper el hechizo que ha convertido a su compañero en un monstruo y lo recupera como esposo.

Esta doble historia simboliza, de manera casi perfecta, el ideal del matrimonio: un hombre y una mujer en una constante aventura, enfrentando los óbstaculos y retos que aparecen por el camino, tratando siempre de mantener encendida la flama del amor.

Como bien lo dice su título, Amanecer es una melodía romántica entre dos seres humanos.

Opuestos

En un nivel más abstracto, la historia enfrenta dos opuestos: el amor espiritual y el amor sexual. El primero está representado por el campo, por su pureza y tranquilidad; por la esposa del granjero, quien es inocente y bondadosa.

El segundo está representado por la ciudad; por los excesos (en especial los sexuales), la falta de valores y el bullicio; por la mujer citadina, quien encadena a un hombre con sus encantos y lo convence de matar a su esposa para quedarse con él.

El punto de giro entre estos dos contrarios sucede en la ciudad, cuando la pareja entra a una iglesia en la cual se está celebrando una boda. Las palabras del sacerdote —“Keep and protect her from all harm”— le hacen recordar al granjero sus votos matrimoniales y su compromiso como esposo, lo cual genera en él un profundo arrepentimiento.

Aunque no hay ningún acto de confesión religiosa, la iglesia funciona como lugar de purgación de los pecados y quien redime al granjero de estos no es un cura, sino su esposa a través del perdón.

Es una historia sencilla, pero con un profundo simbolismo. No obstante, este filme no cobraría vida si no fuera por la excelentes actuaciones de George O’Brien (el granjero) y Janet Gaynor (la esposa), quien ganó el Óscar a mejor actriz principal.

Un espectador contemporáneo podrá pensar que las actuaciones son un poco teatrales o demasiado expresivas. Sin embargo, hay que recalcar que durante toda la cinta aparecen muy pocos rótulos de diálogo y esta expresividad —similar a la de Chaplin en sus películas— cumple un papel fundamental en el cine mudo.

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Por otra parte, la bella fotografía y los planos llenos de detalles ayudan a transportar al espectador al mundo en el que se desarrolla la historia. Un mundo arquetípico donde el granjero puede ser cualquier hombre y la esposa puede ser cualquier mujer, quienes enfrentan dificultades en esa heroica empresa llamada matrimonio.

Adelantos visuales

Los efectos especiales que aparecen a lo largo de toda la cinta, como las sobreimpresiones, son empleadas por F. W. Murnau como un increíble recurso narrativo, los cuales le dan continuidad  y dramatismo a la historia. Vale la pena señalar los flash-forward que aparecen cuando la mujer de la ciudad le propone al granjero deshacerse de su esposa, que simbolizan la imaginación de los personajes.

En fin, mucho más puede decirse de Amanecer. Pero, quizás, la razón por la que pasó a la historia como una de las mejores películas de todos los tiempos es porque no solo logra presentar una magnífica historia de amor —con escenas trágicas, cómicas, dramáticas y emotivas— que penetra en lo más profundo del significado del amor, el matrimonio y el perdón, sino que lo logra hacer de manera magnética y bellísima.

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