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Día a día

La música no para de sonar: artistas se las ingenian para sobrevivir en pandemia

Aprendizaje, innovación e inversión han sido las claves para el surgimiento y la resistencia de los músicos en la pandemia

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Daniela Valerín Fernández para Digitus CR

Han pasado más de 500 días desde que se anunció el primer caso confirmado de COVID-19 en Costa Rica y distintas medidas sanitarias se han aplicado e inclusive bastantes personas se han vacunado. 

Los cambios afectaron múltiples sectores económicamente, sin ser la excepción ese gremio que todos aman, pero muchos olvidan: los músicos, aquellos que viven de su público y deleitan con sus melodías. 

El talento costarricense no tiene límites. A pesar de las circunstancias, los músicos siguieron reinventándose para hacer llegar su arte, entre ellos el trompetista Alexis Morales Barrientos, vecino de Grecia con una carrera de unos 17 años como músico. 

Su público se volvió virtual, los aplausos ahora se reflejan con corazones o un pulgar arriba, sin embargo, aquellos aplausos que animaban las presentaciones, son recuerdos del ayer. 

La música es versátil, hay diversidad de géneros, técnicas y opiniones. Durante este proceso la afectación y los cambios han sido distintos para cada persona y de igual manera para los músicos. 

«Depende de clase de músico seas, si te dedicas a la música popular, se cayó, se jodió prácticamente, si ha cambiado mucho la cantidad de conciertos y de actividades que existían” comentó Morales. 

Morales actualmente trabaja para el Ministerio de Cultura en la Banda de Alajuela. Antes de la pandemia hacían al menos dos conciertos a la semana que actualmente cambiaron a producciones audiovisuales. 

Ellos hacen de dos a tres semanales, sin embargo, no se reúne todo el ensamble, la participación va por turnos. 

Las presentaciones virtuales brindaron nuevas posibilidades para aquellos que deseaban compartir y hacer más conciertos. 

“Algunos buscaron la posibilidad de hacer una cantidad enorme de espectáculos desde su casa, con una producción personal, eso dependió mucho de cada artística y de las posibilidades de equipo que tuvieran para poder desarrollar esa parte” explicó Alexis. 

Inversiones inesperadas

La virtualidad pasó a ser parte de la nueva normalidad, los músicos también forman parte de ella, ahora sus conciertos algunos son por redes sociales y diversas plataformas. 

Ese proceso llevó a los músicos a hacer inversiones para equipo de grabación y demás. Fabián Mata trompetista de la Solución y Banda de Conciertos de Cartago tuvo que adaptarse y aprender a utilizar herramientas para la virtualidad, esa sería su nueva normalidad. 

“Hubo que aprender a grabarse, hubo que invertir en equipo, al menos yo lo hice, hubo que aprender a usar programas de grabación, plataformas, aprender de micrófonos, inclusive conocerse uno como músico porque una cosa es en vivo y otro grabado donde todo se nota” explicó Mata. 

La compra de equipo para mejorar la calidad de las grabaciones fue completamente opcional. En el caso de Mata, invirtió alrededor de 600 mil colones, pero los beneficios fueron tangibles. 

“Antes si lo ocupaban para grabar algo, había que ir hasta un estudio, gastar gasolina, gastar tiempo. Ahora hay personas que le dice -ocupo que me grabes una pieza- uno mismo lo hace desde la casa y lo envía”, comentó el trompetista.

La otra cara de la moneda

Afortunadamente muchos músicos trabajan con el Ministerio de Cultura o para el Gobierno, este ha cumplido con los salarios a pesar de las restricciones y cambios en la forma de trabajo. 

Aquellos que trabajan por aparte han tenido más dificultades. Andrey Alvarado Salazar, un joven de 23, trombonista y tubista, actualmente se presenta con la Cimarrona La Primicia y la Sinfónica Municipal de Desamparados, tuvo muchos cambios con la rutina y en su economía. 

Antes de la pandemia tenía aproximadamente de dos a cuatro presentaciones por fin de semana y el cambio fue abismal ya que ahora puede ser una presentación por fin de semana o ninguna al mes. 

“Básicamente nosotros somos los primeros en parar labores, eventos sociales, eventos públicos, eventos privados, desfiles. El hecho de reunirnos todos era muy arriesgado”

Esas entradas extras que antes se percibían cuando aceptaban presentarse con otros grupos se pausaron. 

Inclusive Alvarado trabajó como profesor en la Banda del Colegio Salesiano Don Bosco, “el adiós” no fue instantáneo, se buscaron opciones como patrocinadores, hablar con la dirección del colegio, pero al final no fue suficiente para seguir pagando su salario.

El escenario se veía negativo, sin embargo, agrupaciones en las que Alvarado trabajaba de vez en cuando, se las arreglaron para buscar la manera de hacer llegar su arte a las actividades. 

“Una cimarrona con la que he tocado eventualmente, ellos idearon una especie de grabación, para venderlo en lugar de una presentación en vivo.»

Ellos tienen la ventaja de que cuentan con un estudio de grabación profesional en la casa, grababan la música, grababan el audio (…) Era todo muy personalizado, incluía en el video, mas lo que solicitaba el cliente. Era una forma de vender el grupo” comentó Alvarado.

La solidaridad nunca ha faltado, el joven tubista ahora cuenta con apoyo de la Cimarrona, donde sus dueños se turnan para recibir menos pago de sus presentaciones y con esto ayudar a los integrantes con pagos de pasajes y demás.

Aprendizaje para todos

Los músicos tuvieron que reinventarse con la pandemia, buscar esas nuevas formas de hacer llegar su arte, ha sido todo un proceso de aprendizaje un poco atropellado pero satisfactorio en sus resultados. 

Carlos Vargas, un músico profesional con experiencia de 20 años, especializado como trombonista, fue una de las personas con ese proceso de aprendizaje inesperado. 

“Tuve que aprender sobre microfonía, mis primeras grabaciones se escuchaba mucho el eco del cuarto y eso afectaba a la hora de hacer los ensambles” comentó Vargas.

El amor por la música no era únicamente ellos con sus instrumentos, era también hacer llegar esa calidad a su nuevo público virtual. Con dinero de sus propios bolsillos contrataron un ingeniero en sonido que ayudaba a la edición de los audios. 

El tiempo se convirtió en un amigo, porque cada músico de la Banda de Concierto aprendió sobre edición de vídeo, sonido y manejo de redes sociales (videos, cortos e interacción con el público). 

El esfuerzo fue en conjunto a pesar de no poder reunirse normalmente. Su pasión y responsabilidad los llevaba a estudiar independientes, para una vez al mes grabar todo el contenido juntos y así aprovechar el tiempo. El cansancio no fue impedimento. 

Las inversiones tampoco faltaron. Vargas, por proyectos personales, había empezado a buscar cierto equipo, pero un instrumento tan pesado como el trombón necesitaba un mejor micrófono que el que su teléfono podía ofrecer. 

“Mí teléfono no podía grabar con el micrófono, entonces caí en una doble crisis, tenía que poner audios profesionales, lo mejor grabado, porque somos un grupo profesional. Entonces, aunque la cuestión sea medio hechiza, medio amateur, tenía que ir lo mejor posible.”

Fue así como Vargas tuvo que invertir en un micrófono, pero también descubrió que existían aplicaciones que le ayudaban a grabar con mejor calidad e inclusive usando los audífonos del teléfono. 

Esas técnicas fueron descubiertas a base de prueba y error, así mismo fue el conocimiento que ayudó a otras personas. Por ejemplo, Vargas labora como profesor en la Escuela Municipal de Música de Alvarado, donde pudo compartir sus nuevas técnicas para mejores grabaciones. 

Aplausos llenos de vida

Los días siguen pasando, los cambios son inevitables e ir adaptándose es parte del proceso para cada uno, aprendizaje, innovación, inversiones, pero hay un sentimiento innegable para cada uno de ellos: la falta de su público.

“Uno no puede tener contacto con su público, esto es lo que llena más a un artista, los aplausos son el alimento de un artista, que la gente lo escuche a uno, interactúe, ver las sonrisas, la gente bailando, es muy gratificante” describía Vargas. 

El público pasó a estar detrás de una pantalla, es interacción y emoción percibida en cada escenario mudó completamente. 

“El calor del público, ver a la gente bailar y los aplausos siempre hacen falta”

Ese enfrentamiento con la nueva realidad no dejó de ser un sentimiento encontrado, pero no impedimento para seguir creando y mejorando el contenido.

“A mí me tocó hacer un concierto muy importante, fue una transmisión, el primer evento que yo hice virtual. Hice una interpretación en donde estaba super metido emocionalmente, a un nivel de concentración altísimo, lo disfruté muchísimo». 

«Lo primero que pensé fue los aplausos van a reventar, yo esperaba de todo corazón esa respuesta inmediata de la gente y lo único que hubo fue un silencio sepulcral” comentó Morales.

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