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Día a día

Fotógrafos ticos viven de la naturaleza: así es su experiencia

Detrás de las imágenes de paisajes y animales silvestres que se ven en las redes sociales, hay un grupo de personas que se dedican a documentar la naturaleza, con todos sus bemoles.

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Lilly Pichardo para Digitus CR

La mayoría son trabajadores independientes. Su oficina no tiene techo, por lo que se les mete el agua y se les mete el sol. La jornada se sabe cuándo empieza, pero nunca cuándo termina. 

A pesar de que en Costa Rica su trabajo no es tan reconocido, y que su espacio de trabajo también está llena de mosquitos, los mueve la misma musa que inspiró a los grandes artistas y científicos de la historia. Bienvenidos al detrás de cámara de los fotógrafos de naturaleza ticos.

Entre la ciencia y el arte

Esta profesión involucra dos ejes temáticos, muy distintos entre sí. Por un lado, la imagen (lo que tiene que ver con la parte estética y técnica de la fotografía), y por otro, el conocimiento del mundo natural.

“Si alguien quiere ser fotógrafo de naturaleza, va a tener que ir por dos lugares.  Por un lugar de imagen, donde va a aprender todo lo necesario para aprender fotografía y video (…). También por aparte, tiene que ir a otra corriente que es la vida silvestre, la biología, la vida de los ecosistemas, y hay que conocer los sujetos que se van a fotografiar.  Van a entrar en dos mundos”, comentó Álvaro Cubero, fotógrafo costarricense de vida silvestre y guía naturalista.

En Costa Rica, existen escuelas de fotografía y escuelas de biología, pero no existe una especialización como tal en naturaleza y/o vida silvestre, que combine ambas cosas.    

Inclusive, es común encontrarse con biólogos que aprenden a hacer fotografía, y con fotógrafos que aprenden de biología. En ambos escenarios, hay un gran componente de aprendizaje autodidacta, que se logra con mucha práctica en el campo, investigando y aprendiendo con otros colegas.

Cachorros de perros silvestres en África, por Álvaro Cubero

El arte del paisaje

La fotografía de naturaleza, a su vez, se subdivide en paisaje y vida silvestre, con técnicas, sujetos, hábitats y habilidades totalmente diferentes entre sí.   

¡Suena divertido!, ¿cierto? Pues sí, pero es toda una decisión que implica unos cuantos miles de dólares, cientos de horas más de aprendizaje y distintas habilidades.

“Hacer paisajes tiene su encanto. No es lo mismo retratar un paisaje en el trópico costarricense, que en clima frío; ni es lo mismo fotografiarlo desde el aire que dentro del agua. Tampoco es igual documentarlo de día, que de noche”, comentó Sol Rojas, también guía de naturaleza y fotógrafa.

Según lo que vaya a registrar, los paisajes requieren de mucha preparación previa, además del manejo de los equipos.

Hay que monitorear el tiempo atmosférico y el clima (a qué hora sale y se oculta el sol, fases de la luna, velocidad del viento, entre otros), y por supuesto, armarse de fe y paciencia, añadió Rojas.

Paisaje turrialbeño en baja velocidad. Fotografía Adrián Delgado

Hablemos de bichos

Según datos publicados en el Informe Estado del Ambiente Costa Rica 2017, Costa Rica es uno de los 25 países mega diversos en el mundo, y uno de los 20 países con la más alta diversidad de especies expresada en números totales.  

Aún así, no se sabe exactamente cuántas especies tiene el país, ya que no existe un estudio consolidado ni actualizado.  Lo que sí se estima es que hay al menos 4.700 especies marinas, 921 especies de aves, 160 especies de anfibios, 220 especies de reptiles, 205 especies de mamíferos y 300 mil especies de insectos.  

Con estos números allá afuera, es que Adrián Delgado, fotógrafo y “baqueano profesional”, alista sus botas de hule, su lente macro y alguno que otro accesorio, para encontrar bichos impensables, con el fin de darles visibilidad y que la gente se enamore de ellos.

Una de sus técnicas favoritas es la macro fotografía, que consiste en capturar sujetos a una distancia muy cercana, con el fin de apreciar texturas y detalles, que a simple vista, sería imposible.  

A través de su lente ha logrado documentar gran variedad de insectos, ranas y serpientes, que han sido utilizados con fines de divulgación y educación ambiental por organizaciones no gubernamentales, proyectos de conservación privados y turismo rural. 

Para este momento, era inevitable preguntar por su animal favorito, a lo que respondió:

 “¡Qué pregunta tan dura!, creo que todos los animales son increíbles. Me gusta mucho la herpeto fauna, y también las aves, pero con la toboba de altura, he tenido uno de los encuentros más tuanis”.

Toboba de altura, Cerro de la Muerte. Fotografía Adrián Delgado

¿Cómo pagan sus cuentas?

“Cuando uno le dice, a cualquier persona en Costa Rica, que mi trabajo es tomarle fotos a animales, primero que nada, no comprenden la idea … creen que es una broma. Lo segundo, es que comienzan a surgir millones de dudas en la cabeza, incluyendo cómo se vive de eso”, dijo Cubero.

Varios de los fotógrafos consultados, coinciden en que un porcentaje mínimo de fotógrafos de naturaleza, en todo el mundo, se gana la vida al 100% con sus imágenes, por lo que, a la mayoría le corresponde combinar actividades económicas.  

“En mi caso, yo mezclo la fotografía de vida silvestre con el turismo. Soy un guía turístico enfocado en fotografía de naturaleza”, agregó Cubero.

Esta carrera es muy versátil, pero al mismo tiempo es muy retadora, ya que hay mucha independencia laboral. En otras palabras, pocos negocios requieren contratar un fotógrafo de naturaleza a tiempo completo, por lo que cada uno, es responsable de generar su propio trabajo.

“Yo opté por estudiar guía de turismo, porque eso me iba a dar una visión más amplia y podía combinarlo con fotografía de naturaleza”, indicó Rojas, quien también realiza retratos de personas.

Otra forma de producir ingresos es mediante la venta de fotografías a medios de comunicación, agencias de publicidad, venta de arte (fine art), publicar libros (que no es tarea sencilla), organizar tours o salidas fotográficas (dentro y fuera del país) o dar clases, por ejemplo.   

El colibrí del Chimborazo, Ecuador, es el colibrí que vive en la zona más alta del mundo. Imagen de Álvaro Cubero.

Riesgos laborales

Cualquier trabajo incluye riesgos. Al entrar en la naturaleza, se está expuesto a todo: resbalones, caídas, majar serpientes, tocar plantas que lo ortiguen, entre otros.  

“Dentro de la naturaleza, el fotógrafo es el único responsable de cuidarse y no cometer algún descuido, ya es poco probable que la naturaleza lo ataque”, expresó Delgado.

Para este escenario, el fotógrafo de naturaleza podría optar por contratar un seguro de riesgos de trabajo, similar al que se utiliza en cualquier otro empleo en Costa Rica.  

Desafortunadamente, también existe el riesgo de que le roben el equipo. Sin embargo, para Álvaro Cubero, hay un riesgo superior a todos los anteriores. 

“El mayor riesgo es que perdás tu rumbo y tu norte.  Eso me ha sucedido varias veces, es un asunto que vos decís: la fotografía de naturaleza y vida silvestre la hago porque quiero que la gente conozca algo que ellos no conocían”.

Ese es un dilema al que muchas veces se enfrentan los fotógrafos de vida silvestre.

“Cuando llevás esa línea, de un pronto a otro perdés el rumbo, porque tenés que pagar tus facturas, y después te convertís en un trabajador más, y dejás de lado ese trabajo bonito de lado que estabas haciendo de fondo”, agregó Cubero.  

Fotografía de naturaleza y conservación

Sol Rojas capturó una de las dos especies de perezosos en Costa Rica.

Aunque se suelen asociar esos términos, y muchas veces van de la mano, son conceptos diferentes.  

“La idea es que la gente sepa (y con esto no quiero generar polémica), que no todo el mundo está haciendo fotografía de vida silvestre, por las mismas razones. No todo el mundo está haciéndolo por la conservación”, manifestó Cubero.

La fotografía de naturaleza es un arte, que tiene muchísimas aristas y motivaciones. Hay quienes se inclinan por la parte estética, haciendo paisajes, retratos de animales, o bien, creando composiciones más artísticas, en las que se combinas distintas técnicas.

Hay otros, cuya motivación es apoyar la conservación de hábitats y especies silvestres. Para Rojas, ese propósito es lo que divide la fotografía de naturaleza y la fotografía de conservación.

“Hay un típico discurso de que si tomo fotos lindas, la gente va a entender lo que es y va a conservar.  Personalmente, no creo que sea así (…).  Mucha gente puede tomar fotos bonitas, pero cuántas personas realmente colaboran”, agregó la fotógrafa. 

Lo que no se ve

Las personas sólo ven lo que el fotógrafo les quiere mostrar.  Detrás de cámara, quedan muchísimos detalles (algunos épicos y memorables; otros, no tanto).

“Lo que la persona no ve es el trabajo enorme y el montón de errores que se cometen. Se cometen mil errores que no se suben. En redes sociales sólo se sube la foto mil uno que salió bien”, mencionó Cubero.

La naturaleza es un sujeto en constante movimiento; y por más que se planifique una salida; no se le puede pedir que pose … la naturaleza siempre hace lo que quiere.

“La gente no ve las madrugadas que hay detrás, el esfuerzo para comprar el equipo. Los intentos fallidos también, porque a veces uno va a tomar un amanecer o un atardecer, o a buscar cierta una especie, y no se encuentra, y hay que ir varias veces.  La naturaleza es muy impredecible”, agregó Rojas.

Almas emprendedoras

Si llegó hasta acá en la lectura, ya se enteró que es un trabajo mucho más complejo de lo que se aprecia desde afuera, y que la mayoría son trabajadores independientes, cuya vocación prácticamente los obliga a emprender.  

Les afecta, directamente, todo lo que pasa a su alrededor: el alto costo de la vida, la cultura artística costarricense, los altos impuestos que pagan por importar sus herramientas de trabajo (Costa Rica no es productor de cámaras ni accesorios de fotografía). 

No tienen patrono, no reciben aguinaldo, tienen que costearse su propio seguro médico, su seguro de riesgos de trabajo, y pagar los mismos impuestos, a nivel porcentual, que le cobrarían a cualquier multinacional.

La actual pandemia, por supuesto les afectó desde el día uno (al mismo tiempo que al sector turístico). Cancelaciones en los grupos, cierre de parques nacionales, no poder impartir talleres presenciales, y tener que “reinventarse”, sin tiempo para la depresión, porque igual hay que pagar facturas.

Embajadores por voluntad propia

“Yo tomo fotos de naturaleza no sólo porque me gusta muchísimo, sino para apoyar organizaciones que se dediquen a la conservación, y mostrar parte de las bellezas que tiene el país”, manifestó Delgado.

Gracias a la comunicación digital, de alguna manera, los fotógrafos de naturaleza se han convertido en promotores del turismo y la cultura costarricense.

“Yo siempre pensé que hacía fotografías de naturaleza porque me gustaba a mi, pero resulta que desde hace unos 4-5 años, me he estado replanteando esta idea, y lo que más… más me gusta, es mostrarle a los demás las cosas”, expresó Cubero, al referirse de su asombro de que haya ticos que, nunca en su vida, hayan visto un quetzal.

Ya sea por el llamado artístico, o por un sentido de protección (de los ecosistemas y la biodiversidad), sus imágenes son una ventana al mundo natural.

“Hago fotografías de naturaleza, porque me gusta estar en el bosque.  Siento que ahí tengo tranquilidad … tengo paz. Siento que ahí pertenezco, por eso, siento que hay que conservarlo”, concluyó Sol Rojas.

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