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Play Ball

Del Río de la Plata para el mundo en 1930

¿Cómo fue la primera final de la Copa del Mundo? Crónica de una definición rioplatense.

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Jackson Chinchilla, periodista e investigador deportivo para Digitus CR

— La Final —

El miércoles 30 de julio de 1930 a las dos de la tarde, el primer campeonato mundial de fútbol llega a su fin en el recién inaugurado templo del fútbol de Montevideo, el estadio Centenario.

El match no podía ser mejor: Uruguay versus Argentina.

Los uruguayos muestran una generación dorada que se había colgado dos estrellas de oro en fútbol en las olimpiadas París 1924 y Amsterdam 1928, por lo que traían consigo la obligación de darle una nueva alegría a los casi 70 mil espectadores presentes y a una República Oriental entera.
La Argentina posee un combinado muy sólido en todas sus filas que incluso es favorito para la mayoría de la prensa deportiva, además de traer sed de revancha por la ajustada y sufrida derrota en la final de Amsterdam 1928: 1-1 el 10/06/1928 y 1-2 en juego de desempate el 13/06/1928.
La multitud en Buenos Aires está a la expectativa de lo que suceda al otro lado del río, como esta estampa de bonaerenses congregados frente al edificio del diario La Prensa esperando primicias de la gran final mundialista.

El réferi belga John Langenus da la orden de inicio del encuentro. La tarde es espléndida y la algarabía total. Al minuto 12, Pablo Dorado envía un trallazo al sector derecho del portero albiceleste Juan Botasso, quien ni se entera del momento en que el balón cruza entre sus piernas y se anida entre los parales derechos de su cabaña: 1-0.

Los argentinos no se dan por menos y buscan a contra corriente cambiar su destino, logrando al minuto 20 el empate por medio de Carlos Peucelle en el costado izquierdo del marco de Enrique Ballesteros:1-1.

La sorpresa se da a ocho minutos de que termine la primera parte. Guillermo Stábile la incrusta en la cabaña uruguaya y hay silencio total en Montevideo, pero en Buenos Aires empezaba a entonarse la prosa célebre de Carlos Gardel cuando interpretaba la canción «Patadura» y esta menciona lo que se estaba logrando en ese momento: «burlar a la defensa con pases y gambetas y ser como Ochoita, el «crack» de la afición».

En el medio tiempo las aficiones en su mayoría locales, no dejaban de alentar a los suyos por el ansiado título de campeones mundiales.

En la segunda parte cuando mejor juega la Selección Argentina, Uruguay apela a su garra charrúa. Saliendo desde su propio terreno y al llegar al área contraria, Pedro Cea fusila e iguala las cifras 57´: 2-2.

Ha vuelto el alma al cuerpo de los celestes, el sueño del cetro está vivo y estalla en júbilo el nuevo coloso cuando al 68´ Victoriano Santos hace un golazo adelantado a su época. Desde 30 metros mete un riflazo que roza el vertical derecho de Botasso y se va hasta el fondo de las piolas: Uruguay 3 – Argentina 2.

Argentina insiste casi al final, pero la férrea defensa responde y vuelve a salir para habilitar a su mediocampista Pablo Dorado. El volante envía centro magistral a Héctor «Manco» Castro, quien cabecea el balón hasta las redes: 4-2 definitivo.

Finaliza la contienda digna de la primera final de Campeonato Mundial.

La Selección de Uruguay se congrega frente a los suyos y la Torre de Los Homenajes en la tribuna del Centenario para celebrar el título de monarcas mundiales.

Son las 4:20 de la tarde y la República Oriental del Uruguay está de fiesta. Su presidente constitucional Juan Campisteguy decreta 3 días de asueto nacional.

La gloria es celeste.

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