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Zona Crónica

Cuando la hermana se vuelve “mamá” por obligación

7 de cada 10 mujeres cuidan a otra persona en Costa Rica. Maryorie es ejemplo de como la muerte de un familiar cambia la vida de una estudiante.

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Por Ismael Hernández Porras

Fue el 22 de junio del 2018. Con tan solo 21 años de edad, Maryorie Prieto se percató en medio del sufrimiento por la pérdida de un ser querido que su vida iba a cambiar para siempre y que ya no iba hacer la hermana de cuatro muchachas, sino la “mamá” de ellas.

Ese día falleció su abuelita Sonia, de 63 años, una mujer con buena salud, pero que perdió la vida por un repentino ataque al corazón.

Doña Sonia cuidaba a sus cinco nietas: Gabriela y Alexandra (gemelas), Maryorie, Natalia y Karla. Su hija Vanessa, la madre de las niñas, había fallecido por un cáncer de colon, un día de mayo, del lejano 2005.

Cuando a Vanessa le diagnosticaron la enfermedad, Maryorie tenía 8 años. Su padre decidió abandonarlas cuando escuchó el diagnóstico; las dejó desamparadas y ella aún no sabe el por qué.

Maryorie se encargó de cuidar de su madre mientras estaba en la escuela debido a que su abuela trabajaba. Y además de preocuparse por continuar sus estudios, también debía hacerse cargo de Karla y Natalia, sus hermanas menores.

Con 8 años y tres personas a su cargo, Maryorie se convirtió en cuidadora y es una de las mujeres de que deben quitarle tiempo al estudio para poder atender a quienes lo necesitan. Siete de cada diez mujeres cuidan a personas menores de edad o adultos mayores, según un informe publicado en Delfino.cr el 4 de marzo del 2021.

Cuando Vanessa falleció, Karla, la menor de todas, solamente tenía dos años y no se acuerda de ella, pero conforme iba creciendo, su abuelita le contó lo que había sucedido. Natalia tenía 4 años pero tampoco recuerda casi nada.

Las hermanas se convirtieron en un número más de los 140 millones de niñas y adolescentes que han perdido a uno de sus padres a nivel mundial.

A partir de ese momento, Doña Sonia se hizo a cargo de todas y trabajaba para darles alimento, techo y una vida relativamente buena, en una casa propia donde dormían dos personas por cuarto, con un comedor en el que apenas entraban las seis y un sillón rojo donde se podían sentar todas en un puñito.

“Fue muy duro ese momento”, dice Maryorie con lágrimas en sus ojos recordando el momento en el que su abuelita se tuvo que hacer cargo de ellas, debido que doña Sonia no trabajaba y a sus 50 años tuvo que encontrar un trabajo para poder hacerse cargo de cinco jovencitas. “Fue como si se hubiera devuelto el tiempo y de nuevo debía criar a cinco personas”, recuerda Maryorie al describir lo que su abuelita pensaba. Para ella, doña Sonia hizo lo mejor que pudo. En su rostro, solo cabe admiración.

“Los 13 años que nuestra abuelita se hizo a cargo de nosotras fueron muy difíciles para mí porque veía el enorme desgaste que ella hacía por nosotras, pero sabía que iba a llegar un momento donde me iba a corresponder hacerlo”, dice Maryorie.

Pese a todo, lograron vivir medianamente bien, y Maryorie decidió concluir sus estudios, obtener el bachillerato en educación media, salir a la calle, buscar trabajo y así ayudar a su abuelita. Pero también ser ejemplo a sus hermanas menores.

Al inicio fue difícil: dejaba su currículo pero le exigían experiencia. Pero fue un 3 de junio del 2017 que la llamaron para trabajar en mantenimiento en una clínica dental, en Moravia. Su primer empleo. Desde ese momento, poco a poco y gracias al compromiso mostrado se fue ganando la confianza de sus jefes y fue ascendiendo de puesto. Hoy es asistente dental.

Pero aquel 22 de junio del 2018 su vida cambió. Doña Sonia había fallecido y aun recuerda el momento: “Lloré porque su voz ya no estaba en la casa, reí porque me amó con todo su corazón. Es una mezcla que me agarra el alma y rompe en cada esquina de mi ser”.

Maryorie se convirtió en la responsable de sus hermanas. Era la única que tenía trabajo estable y la que podía evitar que sus dos hermanas menores pasaran hambre, desesperación y que durmieran en la calle. Ellas debían seguir estudiando.

Desde este momento, Maryorie sabía que seguir estudiando era cosa del pasado porque debía de trabajar para hacerse cargo de todos los gastos que requiere mantener un hogar: la comida, los recibos, pero había algo más… el tiempo. Necesitaba todo el tiempo posible para poder llegar a la casa y ayudar a sus dos hermanas con los trabajos del colegio y asistir a las reuniones de “padres de familia”.

Pero no era solo eso: después de la muerte de su abuelita, Natalia fue la más afectada. Tenía 17 años y era muy apegada a doña Sonia; la veía como su madre, dormían juntas, cocinaban juntas. Natalia quedó tan devastada y entró en depresión. No quería hablar con nadie e incluso quería salir del colegio. También dejó la iglesia y sus pasatiempos. Aun así, Maryorie pudo convencerla de seguir adelante, logró subir sus notas y con esfuerzo ganó el bachillerato. Hoy estudia administración de empresas y trabaja en una tienda en San José.

Karla no se vio tan afectada, ya que, para ella, Maryorie era su “mamá”. Más bien, logró terminar los estudios hace un año a pesar de las complicaciones que trajo la pandemia por el Covid-19 ya que en muchas ocasiones no tenía una buena conexión a Internet debido a que solo podían pagar el plan más barato. Aun así, logró sacar sus estudios adelante y superó el examen de admisión para la Universidad de Costa Rica. Será profesora de francés.

A sus 24 años, Maryorie, la hermana mayor convertida en madre por obligación, sigue trabajando como asistente dental y un día espera poder tener el suficiente dinero para seguir ayudando a sus hermanas, pero también para volver a la universidad.

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