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A Título Personal

No hay almuerzo gratis: Alguien tiene que pagar

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Por Andrea Castro Ruiz

Inflación o para que el pueblo entienda: “Todo carísimo”. Acá no voy a hablar de nada nuevo, basta con ver los titulares todos los días o, simplemente, comprobar lo que muchos vivimos al revisar nuestros bolsillos, cuentas bancarias y alacena.

Según el último reporte de índice de Precios al Consumidor (IPC) publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), la inflación supera el 11% y entre lo que más subió de precio es el combustible, el tomate y la cebolla, pero bueno, no es solo hablar de datos que, si bien es cierto, son la base de todo lo que informamos, no hacen más que confirmar la crisis que sentimos.

Sí, sentir, porque es en carne propia que se siente como la crisis económica nos hace parecer andar en círculos, alejarnos de los sueños y ser esclavos de un trabajo al cual da miedo dejar, porque en la quincena no puede faltar “el bocado” y cada vez es menos lo que se compra.

¿A quién culpar?

El gobierno. El blanco de la mayoría, de seguro sí, ¿Cómo olvidar el ventilado e intenso 2021? Año en el que se sacaron muchos trapos sucios a las instituciones de gobierno y que -con gran impotencia- la población se dio cuenta de cómo la billetera del estado se ha convertido en una piñata de cual pueden gozar un grupo pequeño y selecto.

Un grupo que no piensa tanto si al ir al supermercado va a poder comprar lo mismo que se compró el mes pasado o si -en lugar de llenar el tanque del carro- van a poder cargar el tanque de su avión privado, como los jerarcas de la afamada y, ahora mal vista, H Solís, con mansiones y excesos de lujo.

Que quede claro, que el punto no es “vivir bien” o con libertad financiera, en un ideal muy fantasioso eso sería maravilloso, pero la realidad es -aunque suene trillado- la brecha de desigualdad cada vez es más grande.

¡Ya basta! No estamos hablando de la descarada lista de casos por corrupción, peculado, tráfico de influencias. Es vivir una vida rutinaria, trabajar para existir y dejar de vivir.

El existir de ahora es pagar alquiler, seguir gastando en combustible sin importar cuanto suba o ajustar un poco más para el pasaje del bus, porque al subirse a un taxi es imposible centrarse en la ruta, solo se puede ver la “maría” para ver en qué momento se le dice al chofer que se detenga.

Ni hablar de la comida, ser un “come huevos” ya no debería de ser un insulto para nadie, sino más bien un halago. No se puede poner tanta variedad en un plato, se pone carne o ensalada, arroz o frijoles porque con ambos capaz y se acaba el presupuesto de un mes en tan solo una semana.

Nuestras acciones. Nadie tiene la culpa de nacer; nacemos donde nos toca, vamos a la escuela y colegio que le alcanza a nuestros padres, en su mayoría públicos, pero el golpe es al salir a conseguir trabajo; el nivel de inglés que tienes no es suficiente y compites con el que tuvo educación privada.

Una universidad privada no la aguanta cualquier bolsillo; con los salarios por el piso tener que desembolsar casi medio millón por cuatrimestre, es una pesadilla. Al final se llevan menos materias y una carrera de tres años, se convierte en una de seis u ocho años. Ya cuando terminas, tal vez no estás tan joven para conseguir el “trabajo de tus sueños”.

El contraste de la universidad pública. Sí, una educación de primer mundo, puedes acceder a una beca, pero ¿Y las necesidades de tu casa? ¿Cómo se lleva la carga psicológica de ver a una madre todavía dándote para el pasaje? ¿Cómo la ves viajando en bus por más de 30 años, cansada y con la esperanza de que algún día termines esa kilométrica carrera?

Mi hermano, un ingeniero en electrónica, graduado del prestigioso Tecnológico de Costa Rica, siete años viajando en bus desde San José, caminando largas distancias, porque imposible tomar un UBER. Lo vi estudiar y trasnochar días de días, no le alcanzó a mi mamá verlo graduarse y como no tiene experiencia se tiene que bancar y entiéndase bancar como el “no queda de otra”, tuvo que aceptar un sueldo de hambre por su nula experiencia en una empresa trasnacional, con la fe de que el tiempo le de el prestigio y el derecho a un mejor salario.

Después de esforzarse siete años, el hombre disciplinado, ordenado, entró en una rutina, donde necesita levantarse a las 5:00 am para entrar a las 7:00 am, salir a las 4:00 pm y soportar de una a dos horas en el denso tráfico vehicular. Nunca le he visto más triste.

Dios. No es un discurso de pesimismo. Aunque si somos realistas pareciera que la muerte es más sencilla; tremendo temple hay que tener para poder vivir. Tantas situaciones en el mundo, crisis, Ucrania y Rusia en guerra, en la reciente asamblea de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se vio que el lío entre Israel y Palestina no se acaba… Con todo esto y más, nos hace cuestionar la justicia y bondad de un Dios.

No deja de ser reconfortante el pensar que ese Dios pesa corazones, que mira acciones, que te premiará en el debido tiempo, te da la fuerza para continuar y que de seguro lo malo es consecuencia de nuestro libre accionar.

Muchos intentos sin frutos

Para tanto lío y decepción, viene el partido Frente Amplio en este año con una iniciativa para regular el aumento de los alquileres. Supuestamente, si los salarios crecen menos que el costo de la vida, el aumento anual para alquileres de 330 mil colones o menos, no será mayor a ese aumento. El ejemplo que tienen es su página oficial es que, si la inflación supera el 11%, pero los salarios del sector privado solo subieron 3%, ese aumento no debe ser mayor a dicho porcentaje.

Parece burla, es como poner una cura en una herida profunda que necesita sutura y cremas.

El descaro total del presidente Rodrigo Chaves prometer disminuir los precios del arroz, pero ¿A beneficio de quién? No del pueblo, porque seguimos pagando más, sino de aquellos empresarios que buscando favores hacen grandes “aportes” a las campañas electorales, a su campaña electoral, específicamente.

Ojo que no soy empresaria, ni tengo acciones en Parque Viva para decir que estoy destruyendo a la administración en turno. Ni uso solo su apellido (Chaves), para que inconscientemente, los lectores vayan viendo al nuevo presidente como el que convertirá el país en la actual Venezuela. Pero en agosto pasado, Semanario Universidad puso en evidencia cómo las “acciones de gobierno” han beneficiado -con disminución a los precios arancelarios- a empresarios portuarios y de la industria arrocera.

¡Señores, esto parece una purga social!

No buscan el desarrollo y crecimiento de un país en conjunto. Sin hondar tanto en temas de economía ¿Cuántos años lleva cervecería siendo exonerada, haciendo más rastrera nuestra canasta básica? Porque no se necesitan más de dos neuronas para comerse el cuento de que es vital una cerveza en la mesa de los más necesitados. Mientras sus accionistas siguen acumulando montañas de billetes.

“Ayudar al pueblo dando bonos”. Vámonos al Bono Proteger -durante el periodo de pandemia- un ejemplo más de la piñata que es la billetera del estado. Aún no se termina de resolver la lista enorme de empleados públicos a los que se les desembolsó este beneficio. Hicieron firmar declaraciones juradas, que está claro, no se leyeron.

Además, acá está el punto y cuajada la conclusión: Si se siguen dando esta clase de ayudas ¿Quién va a reponer ese dinero? Dinero que, por términos de inflación y deuda externa, es evidente que no sobra.

No, no es tan sencillo como mandar a imprimir más billetes. Tengamos en cuenta que mientras las instituciones de gobierno siguen repartiendo y distribuyendo su presupuesto anual en disparates, pagando 500 millones de colones a licitaciones que podrían costar 100 millones de colones, hay quienes sobreviven con menos de 500 colones por día.  

Hacen falta hombres y mujeres que tengan el valor de fiscalizar con rigor, de poner orden, que no den bonos, sino trabajos que representen el sustento a largo plazo de muchas familias costarricenses, que ventilen -sin importar quien caiga- la corrupción. Lo triste es que en una sociedad como en la que vivimos, pasa lo que retrata el director mexicano Luis Estrada en sus obras: quien trata de hacer justicia, pararse recto y hacer las cosas bien en lo social y en la política hasta muerto puede terminar.

¿QUIÉNES SEGUIRÁN PAGANDO EL AMUERZO QUE AL PARECER NO NOS COMIMOS? SOMOS NOSOTROS. SOMOS QUIENES NO TENEMOS NI VOZ NI VOTO, SOMOS QUIENES LUCHAMOS CADA DÍA POR NO LLEGAR A LA MISERIA, POR PONER UN PLATO EN LA MESA, POR PODER TAL VEZ NO VIVIR, SINO TAN SOLO EXISTIR.

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